En estos últimos días me ha caído bastantito trabajo. Me llama mucho la atención la forma en que las cuestiones laborales se llegan a complicar y hacen que la vida se le haga mas cansada innecesariamente a uno.
Sucede que en mi trabajo existe un sindicato. Para mí, en lo personal, y por experiencias en otros trabajos, los sindicatos significan grilla, confrontación, desunión y problemas. Pero en este caso, como yo entré en un régimen en el cual no tengo nada que ver con sindicato (y cómo lo agradezco).
La cuestión es de que este sindicato se ha puesto a solicitar cosas que, a mi juicio, son sin razones: quieren que su horario de trabajo sea de media hora menos
al día (en lugar de 8, quieren trabajar 7.5 horas), quieren que para la entrada se les den 40 minutos de tolerancia (por Dios que esto se me hace hasta ridículo), y una serie de peticiones similares, que a mi manera de ver son de risa.
El problema es que las autoridades no están respondiendo de una forma muy armoniosa que digamos. Y es ahí donde los que no somos sindicalizados salimos afectados. El clima laboral se ha tornado tenso. Hay platicas y acciones que pueden ser mal interpretados... Y a partir de eso mi trabajo particularmente se ha tornado en algo pesado, pues ante las sospechas de extracciones de información y de posibles intentos de sabotaje, se me pide especial atención en la seguridad de nuestra red, implicando esto horas extras y mayor tensión.
Hacía rato que no experimentaba del cansancio, al llegar a casa, que me hacía decidir no tocar la computadora para nada: primero por el horario en que llega uno, y segundo por la flojera.
Pero parece que ya superé esto, y estoy de regreso.
Y aunque hoy esté un poco cansado por que fui a jugar fútbol (si, sigo con mi objetivo de reducir esas llantitas que me hacen que sea más fácil brincarme que darme la vuelta), heme aquí de nuevo, reportándome y poniéndome al corriente.
Cómo extrañaba patear un balón. Cómo añoraba volver a sacar mis tensiones jugando, corriendo, luchando por el balón. Ya había olvidado la sensación gustosa que provocaba meter goles. Y lo que más disfruté del momento fue el hecho de jugar sin compromisos de ganar o de tener que luchar por ganarme el puesto del equipo: simplemente me invitaron a jugar fútbol entre amigos, con el único fin de hacer ejercicio, divertirnos y convivir.
Con esto tuve para recargar pilas. Aquí estoy de regreso, frente a mi PC, y listo para seguir haciendo mi trabajo, y seguir adelante a pesar de grillas, conflictos y demás. Total, el sábado próximo volveré a jugar fútbol.
20 de octubre de 2007
9 de octubre de 2007
Recordando lo que es un calambre.
Hace poco mi Ñora estuvo embarazada, y pues uno de los síntomas que en este estado se tienen son los famosos calambres que son provocados por la disminución de potasio que se da por el hecho de que el bebé en gestación absorbe el que la mamá tiene (bueno, eso me dijeron, jejeje). Entonces, para solucionar esto, lo ideal es comer plátano y tomar Gatorade (ambos contienen dicho mineral).
Yo muy experto en esta situación porque en mi adolescencia era muy deportista, y pues ahí aprendes porque aprendes.
Entonces, cuando mi Ñora sufría de estos dolores, generalmente en las noches, se daba un espectáculo de lo más divertido (lo digo ahora que ya pasó, porque en su momento no lo era tanto): A mi Ñora, de estar dormida en las noches, de repente le daba el dolor. Su reacción instintiva era soltar un manotazo hacia mi lado para pedir auxilio, porque el dolor no le permitía emitir sonido, así que el manotazo era donde cayera, y cuando digo donde cayera es DONDE CAYERA. Yo, después de las repeticiones de dicho ritual (maldito Pavlov, te odio) ya reaccionaba para auxiliarla estirándole la pierna para mitigar su dolor y relajar el músculo (a veces hacía esto todavía sin despertar al 100% aunado al dolor provocado por el manotazo). Una vez solucionado el problema, ambos regresábamos a nuestro anterior estado (no digo que igual que antes, porque en mi caso era con un manotazo extra y a veces no era tan fácil de olvidar).
Pero anoche fue otra cosa muuuuuy diferente.
Sucede que fui a jugar Squash. Ya hacía tiempo lo jugaba, y unos amigos ya me insistían que a ver cuando volvíamos a hacerlo. Y pues a partir de la foto del anterior post me decidí: hay que hacer algo contra esta panza, y obviamente las cervezas no tienen la culpa, así que mejor hay que hacer ejercicio.
Pues sucede que ejercicio como deporte no lo practicaba desde hace como año, año y medio. ¿Por que? Porque mis ocupaciones y mis economías no me lo permitían. Lo único que llegué a hacer físicamente fue trabajar de agavero, lo cual era esfuerzo físico, pero no tanto como deporte. Y pues anoche se notó.
Yo lo sabía. Sabía a que me enfrentaría. Sabía que mi elasticidad se perdió. Sabía que mi velocidad, de la que antes yo tanto me jactaba, sería nula. Sabía que la falta de práctica sería notoria. Pero tenía que dar este paso porque si le saco a eso jamás me empezaría a mover.
Y en lo dicho: mi juego fue bajo y a los minutos de jugar ya estaba soltando el bofe. Yo mismo noté que no me movía igual... El dolorcito de espalda por acá... De repente se me perdía la ubicación de la pelota por ver puntitos... Patético, verdaderamente. Sudé como fuente. De hecho mis amigos estaban haciendo apuestas de en cuantos puntos me desmayaría o me daba el infarto.
Pues total, acabamos de jugar y me dirigí a mi casita. Me bañé, bañé a los chaparros y todos a dormir.
Malditos calambres. Y lo malo en este caso era que no tenía caso despertar a mi Ñora, porque creo, casi con seguridad, que mi Ñora no sabría como ayudarme, así que pues yo solito a estirar la pata para que el calambre pasara. Que nochecita...
Pero espero ya en próximos posts poderles decir: ya recuperé mi nivel, ya recuperé mi condición física y ésta es mi foto sin panzota...
Yo muy experto en esta situación porque en mi adolescencia era muy deportista, y pues ahí aprendes porque aprendes.
Entonces, cuando mi Ñora sufría de estos dolores, generalmente en las noches, se daba un espectáculo de lo más divertido (lo digo ahora que ya pasó, porque en su momento no lo era tanto): A mi Ñora, de estar dormida en las noches, de repente le daba el dolor. Su reacción instintiva era soltar un manotazo hacia mi lado para pedir auxilio, porque el dolor no le permitía emitir sonido, así que el manotazo era donde cayera, y cuando digo donde cayera es DONDE CAYERA. Yo, después de las repeticiones de dicho ritual (maldito Pavlov, te odio) ya reaccionaba para auxiliarla estirándole la pierna para mitigar su dolor y relajar el músculo (a veces hacía esto todavía sin despertar al 100% aunado al dolor provocado por el manotazo). Una vez solucionado el problema, ambos regresábamos a nuestro anterior estado (no digo que igual que antes, porque en mi caso era con un manotazo extra y a veces no era tan fácil de olvidar).
Pero anoche fue otra cosa muuuuuy diferente.
Sucede que fui a jugar Squash. Ya hacía tiempo lo jugaba, y unos amigos ya me insistían que a ver cuando volvíamos a hacerlo. Y pues a partir de la foto del anterior post me decidí: hay que hacer algo contra esta panza, y obviamente las cervezas no tienen la culpa, así que mejor hay que hacer ejercicio.
Pues sucede que ejercicio como deporte no lo practicaba desde hace como año, año y medio. ¿Por que? Porque mis ocupaciones y mis economías no me lo permitían. Lo único que llegué a hacer físicamente fue trabajar de agavero, lo cual era esfuerzo físico, pero no tanto como deporte. Y pues anoche se notó.
Yo lo sabía. Sabía a que me enfrentaría. Sabía que mi elasticidad se perdió. Sabía que mi velocidad, de la que antes yo tanto me jactaba, sería nula. Sabía que la falta de práctica sería notoria. Pero tenía que dar este paso porque si le saco a eso jamás me empezaría a mover.
Y en lo dicho: mi juego fue bajo y a los minutos de jugar ya estaba soltando el bofe. Yo mismo noté que no me movía igual... El dolorcito de espalda por acá... De repente se me perdía la ubicación de la pelota por ver puntitos... Patético, verdaderamente. Sudé como fuente. De hecho mis amigos estaban haciendo apuestas de en cuantos puntos me desmayaría o me daba el infarto.
Pues total, acabamos de jugar y me dirigí a mi casita. Me bañé, bañé a los chaparros y todos a dormir.
Malditos calambres. Y lo malo en este caso era que no tenía caso despertar a mi Ñora, porque creo, casi con seguridad, que mi Ñora no sabría como ayudarme, así que pues yo solito a estirar la pata para que el calambre pasara. Que nochecita...
Pero espero ya en próximos posts poderles decir: ya recuperé mi nivel, ya recuperé mi condición física y ésta es mi foto sin panzota...
3 de octubre de 2007
Depto. Tecnologías de Información.

Francisco, Evaristo, Myrna, Guillermo (si, yo soy ese chaparro con una panzota que qué barbaridad... voy a tener que iniciar una dieta o hacer ejercicio o algo he de hacer...), César, Sergio, Anita, Maritza y nuestro jefe Ernesto.
Este es el Departamento de Tecnologías de Información de mi trabajo.
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