12 de agosto de 2007

Fiesta Atlética de Antaño.

Estábamos viendo la TV mi Ñora y yo. Algo raro, porque pocas veces me doy el tiempo de verla. En eso, en un corte comercial, pasaron un anuncio en el que una señora estaba manejando y estaba triste, y su hijo le preguntaba el porqué de su tristeza. Y en ese momento, hicieron la analogía de lo triste que se puso el niño cuando le metieron un gol.

Mi Ñora me comentaba que se le hacía muy tierno el momento, y me preguntó qué tan importante es para un niño el recibir un gol, como para tomarlo como una tragedia.

Inmediatamente me trasladé a mi infancia, y se me vinieron varios recuerdos de cuando jugábamos, y efectivamente, recuerdo momentos y sentimientos de cuando jugaba fútbol. La alegría de cuando ganábamos, o cuando metíamos gol. La tristeza de cuando perdíamos, o cuando nos metían gol.

Mi Ñora quedó conforme con la respuesta, pero yo me quedé atorado en los recuerdos. Le conté uno de los momentos para mí más inolvidables de mi infancia: un juego de fútbol cuando estuve en sexto de primaria.

En la escuela en la que estudié la primaria cada año se celebraba la "Fiesta Atlética". Dicho evento era una celebración deportiva que enfrentaba a todos los grupos del colegio: como en todos los grados había un grupo "A" y un grupo "B", entonces cada salón se enfrentaba al otro salón del mismo grado, haciendo que se formaran dos grandes equipos dentro del colegio: los "Azules" y los "Rojos".

Dicho evento se hacía en grande, y para los alumnos nos significaba mucho. Pero la Fiesta Atlética no era lo que nos importaba (contrario a lo que significaba para maestros y papás), sino el previo a la Fiesta Atlética, que consistía en partidos de fútbol por grados, los cuales ya contaban puntos para los bandos acumulándose al resultado que se obtendría en la Fiesta Atlética. Dichos enfrentamientos comenzaban por los primeros grados (los "chavitos"), al día siguiente los segundos, y así sucesivamente, hasta llegar un día antes de la Fiesta Atlética con el partido estelar: los sextos, los grandotes.

Como era de esperarse, cuando jugaban los primeros era un reverendo despapaye. Era una bronca para el maestro que hacía de árbitro, porque a donde corría el balón estaban 20 pares de piernitas pateando sin ton ni son a donde fuera, y más que lo futbolístico, lo atractivo era lo divertido que resultaba dicho espectáculo. Conforme avanzaban los grados, es lógico que aumenta el nivel futbolístico, hasta llegar al juego estelar de los grandotes. Y era ley: los chiquitos admiraban a los grandotes y esperaban con ansias avanzar de grados, crecer, para llegar a participar en la selección que jugaría dicho clásico.

Y no me excluyo de esto. Recuerdo que cuando era de los chiquillos, veía a los grandotes con anhelo, y si bien siempre me tocó estar en la selección de los salones en los que estuve, y en la del colegio, mi sueño era participar en dicho juego.

Y el tiempo corre y llegó el momento. Para mi fortuna estuve en la selección y llegó el gran día. Recuerdo que fue un juego muy reñido, y en el primer tiempo el resultado se conservaba en el par de roscas (0-0).

Llegó el segundo tiempo. Hubo una jugada en la que atacábamos y un defensa contrario sacó el balón por la banda izquierda. Un compañero fue por el balón para efectuar el saque de banda correspondiente, pero no sé qué me impulsó (porque normalmente no soy del gusto de hacer los saques de banda) y corrí a pedirle el balón al compañero y pedirle que se fuera al área contraria a buscar el remate.

Tomé distancia, todavía recuerdo que un compañero de salón que estaba apoyándonos me decía "a la olla, Memo, a la olla, tu puedes", agarré vuelo y lancé el balón. Dicho pase llegó hasta un compañero (Arroyo) quien recibió el pase franco y solo en el área chica, y cabeceó para meter nuestro primer gol. Lo celebré como si yo lo hubiera metido, y todavía recuerdo el grito de gol por media escuela (del puro recordar se me enchina la piel).

Como era de esperarse, nuestros contrarios lucharon por empatarnos, y nuestro maestro, que en ese momento estaba convertido en director técnico, nos dirigía para que conserváramos la ventaja y defendiéramos ese gol que con tanto trabajo llegó (y pues en esos tiempos lo que decía un maestro era ley, jejeje). En una de esas jugadas, en un tiro de esquina, un compañero rechazó el balón y me cayó a mí. Lo conduje lo más rápido que pude hacia el área contraria y hasta donde pude, más allá del medio campo. En el camino burlé a uno, y en la desesperación por detener el peligro, dos defensas se fueron a marcarme. Estaba cansado y sabía que me quitarían el balón, pero en eso alcancé a ver que, en medio de los dos, si lanzaba un pase adelantado, llegaría a los pies de un compañero (Parres), quien era muy bueno y que sabía que si le llegaba el balón quedaría solo frente al portero. sí la hice, y cayó el segundo gol. Si el primer gol fue festejado, este fue una locura.

Total, finalizó el partido 2-0, y ese juego quedó guardado en mi memoria y no lo olvidaré hasta que me muera. Ahora, me pregunto, ¿lo habrán olvidado los compañeros que metieron gol? Claro que no. Si yo no olvidé esos dos pases para gol, ellos que los metieron menos. ¿Lo habrán olvidado mis compañeros de equipo? Lo dudo, porque era el partido a ganar. Si algo se deseaba futbolísticamente en el colegio era jugar ese día y ganarlo. ¿Lo habrán olvidado los contrarios? Tampoco creo. Haber perdido ese partido fue tener la oportunidad y haberla dejado ir. No volverán a tener la oportunidad de jugar ese juego, y se perdió.

Volviendo a la pregunta de mi Ñora, después de pensar en esto, estoy seguro de que para un niño ganar o perder, meter o recibir un gol, puede ser una tragedia o puede ser un triunfo.

Todavía el recordar ese juego me infla el pecho, me enchina la piel. Y habrá quien piense que es una tontería, pero en aquel momento fue lo máximo, y como tal se quedó grabado en mí.

Bendita infancia.

10 comentarios:

Angie dijo...

sí, de hecho eso pensé en la mañana cuando escribí mi post... a los doce tu tragedia puede ser no haber hecho la tarea.
besos!

esposita desesperada dijo...

oye que buen post...y eso de la escuela es como el mundial no..que se van acumulando puntos y eliminando equipos y todo eso...yo pienso que lo que pasa en la infancia nos marca de por vida....sea bueno o malo en tu caso fue un triunfo..para tu buena suerte...me encanto como describias el partido...que perro ni que nada..jeje...saludos

Mr. Magoo dijo...

De hecho, puede ser una gran tragedia, pero cambia con las edades. Mi enano se cinco se frustra si no mete gol, y una vez el estaba feliz de la vida, perdieron como 11-2 pero el metio los dos goles y con eso tuvo para estar felizote, jajaja. Yo tambien tengo recuerdos asi, pero siempre estuve en los equipos maletas, como los Bad News Bears, y pues ni hablar, tambien aprendi muchas cosas, como a saber perder y a calentar la banca, jejeje.

Saludos, excelente narracion.

Guillermo González dijo...

Eso es lo que me encanta de los niños, Angie, que en ellos todo es puro corazón y la vida adquiere un sabor que luego le perdemos, y que de grandes lo extrañamos...

Yo más bien lo describiría, Esposita, como unas olimpiadas, porque estos partidos eran solo el previo a la Fiesta Atlética, porque en el domingo en que se realizaba se hacían carreras, salto de altura, relevos, etc. Y ganaba el bando que acumulara más puntos, los cuales se obtenían ganando las diferentes pruebas, entre las que se contaban estos partidos.

Y felicítame a tu hijo, Magoo, porque lo que hizo fue salvarle la honra a su equipo él solito, y de verdad (si es que es un apasionado del futbol como nosotros) eso te juro que quedará grabado no solo en sus recuerdos, sino en su corazón, como fué en este caso el mío. Y a seguir animando esa carrera futbolística: a la mera y él es el crack que todo México estamos esperando...

Saludos a todos!!!

Gaby dijo...

Hola vistandote por primer vez...
y ohh sorpresa me encuentro con un buen post...
La infancia es tal vez una de las mejores etapas de nuestra vida, el tiempo donde todo es interesante, hasta un partido de fut se vuelve tan importante para un niño...y donde tenemos tal vez los mejores recuerdos...aquellos que son difíciles de olvidar...
Saludos meridanos...
PD: que buen blog!!!

Guillermo González dijo...

Bienvenida, Gaby, ésta es tu casa.

Y efectivamente, quién no añora esa etapa de la vida en la que normalmente todo es juego y felicidad...
Pero el tiempo es implacable, y se va esa etapa, pero nunca nos podrá arrebatar esos recuerdos.

Un saludo tapatío!! :)

Yuli dijo...

Hola Guillermo es mi primera vez por aca y me gusto mucho tu blog, espero seguir viniendo seguido, ahh felicitacions por el nuevo bb (si ya se fue hace mas de 1 mes) pero pero màs vale tarde que nunca) disfrutalo mucho porque luego crecen y ya no se dejan apapachar como uno quisiera, que Dios siga bendiciendo mucho a tu familia.

YO NEURAS dijo...

Nice. Yo recuerdo mi último partido en la primaria como mi salida del deporte. Mi papá gritándome como loco, yo no dando pie con bola. No, nada agradable. ¿A qué voy? A que todos tus cuates, como tu y como yo, deben recordar re bien ese partido.
ps: Bien jugado, por cierto, eh!
Saludo neuras

Angie Sandino dijo...

Hola! te vi en el blog de Yuli y pase a conocerte... y bueno sobre tu post, coincido con tu conclusión, aunque no juego ni jugué nunca fútbol si tengo 3 hijitos barones y se el sentimiento de frustración que puede ocacionarse en ellos ante una derrota... asi como el estallido de euforia ante un logro alcanzado!

Un gusto conocerte!

Guillermo González dijo...

Gracias, Yuli, de corazón, por tu visita, por tus felicitaciones y por tus deseos.
Y creeme que lo intento, y esto es razón de estas memorias,de este blog, porque después yo sé que solo el recuerdo queda.

Pues, Neuras, ¿qué te diré? A lo mejor el fut no era lo tuyo. ¿Probaste algun otro deporte? Basquet, squash, tenis, natación...? Digo, nunca es tarde. Pero lo que me dices lo tomaré en cuenta para que a mis hijos no se las vaya a aplicar así.

Igual, gusto en conocerte, Angie. Y pues yo viví ese gusto por el fut (y de hecho aún a estas alturas me apasiona), asi que si a tus chaparros les gusta, tu anímalos. Que los fracasos no los tumben.

Saludos a todos!!!