7 de julio de 2007

Osotouille.

Sip, está bien escrito: Osotouille. Ya sé que el nombre de la película es Ratatouille, pero ahorita les platicaré y me darán la razón.

Sucede que, debido a que el nacimiento del bebé está muy próximo, y aprovechando la coincidencia de que la película Ratatouille se estrenó y que era deseo de los chaparros ir al cine a verla, decidimos ir, ya que con el crecimiento de la familia calculamos que de aquí a un año no podremos ir al cine...

Lo simpático de esto fue que nos decidimos a mediodía y en la tarde ya estábamos camino al cine. Algo improvisado, pero todo normal y bajo control: llegamos, compramos los boletos y pasamos a la sala correspondiente.

Es común ya para nosotros ir en lugares públicos, como centros comerciales, y, en este caso, cines, ser atención de las miradas, por el hecho de los gemelos. Ya me había desacostumbrado a que por lo mismo debemos cuidar mucho nuestros pasos.

Llegamos y lo primero es formarse en la sala. Para eso, este par de hooligans estaban a brinque y brinque e inmediatamente captaron la atención de las señoras que estaban formadas adelante de nosotros. Y que cuantos años tienen, y que si son cuates o si son gemelos, y que cómo le hicimos, y que mi señora embarazada, y que si viene uno o dos de nuevo... Ya nos sabemos de memoria tanto el cuestionario como las respuestas que deseemos dar si queremos continuar con la plática o finiquitarla en el momento. El osómetro ya marcaba un 25%.

Para eso, la fila se fue acrecentando, y este par seguían como chapulines brinca y brinca. La situación antes descrita se repitió, pero ahora la familia de atrás, solo cambiando la modalidad de que en este caso la familia tenía parientes que también tenían gemelos y cuates. Eso y el remate de "son algo inquietos, ¿verdad?". El osómetro ya estaba al 50%, semáforo amarillo, fase de alerta.

Debido a la convocatoria de la película, y en especial tratándose de un estreno, se fue llenando la cosa, y sobre todo de niños, quienes suelen ser más "observadores", y con sus llamados a sus papás de "mira, son igualitos", es imposible pasar desapercibidos, y mis chaparros no solo estaban brinque y brinque por su naturaleza saltarina, sino que notaron que eran foco de atención de mucha gente y comenzaban a lucirse: se volaron, llanamente diciéndolo. Ya habían socializado y mandado a la goma a un señora, ya habían chocado con otra... Osómetro indicando 75%, fase de alerta, semáforo anaranjado, comenzar evacuación.

No pude hacer caso de la alerta, porque para eso mi Ñora se había lanzado por palomitas y refresco, y ni para donde correr, y cuando la vi llegar, vi pasar toda mi vida enfrente de mí al ver que venía no con una cajita de palomitas, sino DOS. Y eso para mi par de changos es combustible. Ni tardos ni perezosos se le dejaron ir, y como pude, los agarré al vuelo para que, por lo menos, le dejaran llegar a la banquita en la que esperábamos a que abrieran la sala. Para eso, el circo que tuve que hacer para alcanzarlos a controlar ya había sacado un par de risas. Comenzaron a tragarse las palomitas como desatados, ya no eran un par de risas, sino de carcajadas, porque para esto como que a los chaparros les amputamos las manos y comenzaron a comer con la boca del montón... Digo, sabían que eran el espectáculo de apertura del cine, pues había que darlo bien... Y llegó otra señora con la plática consabida... Solo agregando el detalle incómodo de que ella había perdido a un hijo, y que le quedaban dos. Osómetro 100%, alerta roja: HUYAN!

Pero Carlos no se contuvo las ganas y comenzó a agarrar palomitas y a tratar de aventarlas por el balcón a la planta baja. Más circo tuve que hacer para detenerlo (ustedes díganme si no es circo tener que contenerlo pisándole el pantalón contra el piso para inmovilizarlo y que no huya para lograr su cometido, el otro luchar para alcanzar su objetivo dejándose caer al piso para tener más alcance, y ya estando cerca, lanzar sus proyectiles como lo tenía planeado, y yo regresarlo de las greñas), y para colmo, en el regreso, en un movimiento tiró una de las cajitas de palomitas al piso, tapizando toda el área, y dejando en claro dónde fué el epicentro.

Osómetro reventado. Yo ya estaba sudando, no de calor, sino del tipo de sudor que te da cuando sientes nervios y vergüenza, sentía mis mejillas calientitas, como cuando estás no color rojo, sino colorado. Me sentía como en las películas, que todo me giraba, que había carcajadas por donde sea, y que todo el planeta estaba observándonos.

Con todo y eso tuvimos que tratar de reparar el cochinero, y con los pies comenzamos a hacer a un lado las palomitas caídas en batalla, y por Dios que fue una salvación que en ese momento abrieran la sala del cine para que entráramos y nos pudiéramos disimular en la oscuridad y, sobre todo, para poder evitar la vergüenza con la gente de limpieza que además de una mirada fulminante justo era que sacara un par de injurias. Ya para ese momento cruzaba por mi cabeza la idea de ir por la salida...

Bendito cine. Calmó al par de monstruos, y de paso, me hizo olvidar lo recién sucedido. Nos encantó la película tanto a los chaparros como a mi Ñora y a mí. Salimos, y con decir que hasta regresé contento porque pude cumplirle el capricho a mi Ñora, a mis chaparros y a mí.

Ozaso de inicio, pero al final del día, salimos vivos. Pero, Carlos y Diego, ¿qué creen? Me la pienso cobrar. Me la cobro escribiendo sus fechorías en este blog... Y ya serán adolescentes y tendrán novias, o adultos y tendrán hijos quienes a lo mejor leerán este blog... JO JO JO.

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